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No todo es lo que parece.
La verdad que esconden los cigarrillos electrónicos
Los dispositivos electrónicos utilizados para abandonar el cigarrillo no son tan efectivos como se piensa. Cada año más estudios demuestran que son dañinos.
Cada vez más, los cigarrillos electrónicos son
la opción elegida para dejar el vicio.
Crédito: Y F Digital Archaeologist & Cataloger.
Por: Delfina Martignone
Los cigarrillos electrónicos son dispositivos de liberación de nicotina que mimetizan la experiencia de fumar tabaco. De acuerdo a González-Roz, Secades-Villa y Weidberg, en su artículo “Evaluación de los niveles de dependencia de la nicotina en los usuarios de cigarrillos electrónicos”, su uso ha incrementado de manera notable desde su lanzamiento en el 2003. Tal es así que, en los últimos años, se han vuelto muy populares entre jóvenes y adolescentes, quienes le dieron el nombre de “vapear” al acto de utilizarlos. En su publicación, los autores demuestran que la dependencia de nicotina en los usuarios de estos dispositivos es menor que la de los fumadores de tabaco. Sin embargo, esto no significa que son un método efectivo para dejar de fumar. La Organización Mundial de la Salud sostiene que su efectividad para dejar de fumar es muy limitada.
La principal preocupación que estos dispositivos generan en los profesionales de la salud es su toxicidad. Esta se encuentra en los líquidos que se agregan para generar el vapor los cuales contienen: propilenglicol, glicerol, nicotina y sustancias químicas aromatizantes. Estas, al entrar en calor, se vuelven sumamente nocivas y adictivas. Según un estudio realizado por The New England Journal of Medicine cuando el propilenglicol y el glicerol se calientan en presencia de oxígeno liberan “formaldehído”, más conocido como “formol”. Esta sustancia está clasificada como un cancerígeno de grupo 1 por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer.
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El problema no viene solamente por el lado químico, hay muchas otras razones que justifican que los cigarrillos electrónicos estén prohibidos por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT). Desde el punto de vista de las adicciones, no funcionan ya que no cortan los circuitos y mecanismos neurológicos y así estimulan al sistema tanto como el tabaco.
Entrevista a una toxicóloga:
Crédito: Delfina Martignone
Una investigación realizada por científicos de The New England Journal of Medicine, que involucró a jóvenes de edad escolar, demostró que los que usaron cigarrillos electrónicos al inicio tenían más probabilidades de empezar a fumar tabaco durante el año siguiente que los que nunca habían utilizado estos dispositivos. Además, el hecho de que no produzcan olores molestos genera que la gente que “vapea” lo haga durante las 24 horas del día. Para la Dra. Cristina Borrajo (M.N. 60747), neumonologa, ex Presidente de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria y experta en tabaquismo, esto es sumamente negativo ya que: “Interfiere en la lucha para desnormalizar el hecho de fumar”.
Entonces, ¿a qué sí se puede recurrir para dejar de fumar? Borrajo asegura que lo primero que se debe tener es la intención. Si un fumador no quiere dejar el vicio, de nada sirve que lo intente. Una vez que este paso se cumple se puede recurrir a ayuda; para eso están las medicaciones. En la Argentina existen varias: la vareniclina, el bupropión y la terapia de reemplazo con sustituto de nicotina. Está científicamente comprobado que estas, en contraste con los líquidos utilizados en los cigarrillos electrónicos, son buenas inocuas y efectivas y pueden ser utilizadas por todo el tiempo que se requiera.
Las encuestas demuestran la ignorancia que hay sobre este tema.
Crédito: Delfina Martignone
Cristina Borrajo, experta en tabaquismo
Crédito: Delfina Martignone
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