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Barrileteada comunitaria

UNIDOS POR EL VIENTO


Por: Catalina Rantica


Batoco es una agrupación que reúne gente que se apasiona por volar barriletes, busca difundir y fomentar la actividad. Los domingos por la mañana se reúnen en la costa del Río de la Plata a remontar barriletes y pasar un buen rato.


Amaneció soleado el domingo 21 de abril en Vicente López. Con una mañana calurosa, algunos vecinos aprovecharon para hacer actividad física, un picnic y otros decidieron salir a montar barriletes.


Lograr ingresar al Paseo de la Costa era complicado dada la cantidad de gente, sin embargo, al arribar, los barrileteros eran un grupo fácil de reconocer: se encontraban reunidos alrededor de bolsos que contenían una diversidad de barriletes. Dos de los miembros portaban una remera que leía “Batoco”, y el resto llevaba un sombrero o gorra con el pin de la asociación.


"Lo más lindo es la familia que se forma" Leila Zulmaister

Había muy poco viento, lo que dificultaba la actividad; sin embargo, los ocho miembros presentes se habían preparado y contaban con sus barriletes indoor, aquellos que vuelan sin viento y hasta dentro de una cancha de básquet.


Comenzaron a armar los primeros barriletes mientras contaban cómo los fabrican, porque no solo los montan, sino que también los arman “todo lo copiamos de internet, de ahí aprendemos y copiamos; quien diseña un barrilete tiene que tener mucho conocimiento sobre náutica y otros factores que afectan” explicó Alberto Barrero, uno de los primeros miembros de la agrupación.


El viento comenzaba a soplar en la costa, lo que dio la oportunidad de armar más barriletes. Barrero, con una sonrisa en el rostro, sacó de su bolso una de sus mejores creaciones: un esqueleto con ojos que se movían. Era impresionante.


Los chicos, en el transcurso del día, se fueron acercando, algunos con sus propios barriletes y otros que pedían pilotear alguno. Víctor Derca, socio de Batoco, se tomaba el tiempo para explicarle a los chicos cómo se hacía. Se acercó una pareja con su hija de cuatro años y un perro. La nena pidió volar uno, Derca abrió su bolso y sacó uno que le iba a encantar, tenía forma de corazón. Lo armó y lo ató al piso, para que, en caso de que lo soltara, el barrilete no se fuera para ningún lado. “Dios nos crea, el viento nos amontona” reflexionó.


"Mis nietos también son fanáticos de los barriletes" Víctor Derca

Al rato llegó Rodrigo Posada, que practica vuelo acrobático. Él no se dedica a hacer barriletes, sino que prefiere comprarlos. Con los auriculares puestos, montó su barrilete de doble comando y comenzó a practicar una coreografía.


A lo lejos, un padre se encontraba sentado con sus tres hijos observando el espectáculo. Los chicos tenían seis, cuatro y dos años, todos estaban hipnotizados con los distintos tipos de barriletes. Mientras tanto el papá les explicaba que era un arte que la gente no suele apreciar.


Tras Posada arribó Gustavo Sonzogni, miembro directivo de la asociación, estaba acompañado de su perro, Willy; no portaba ningún barrilete, solo fue a pasar el rato. “El grupo surgió de la necesidad de unir gente con la misma pasión por los barriletes, quisimos crear un espacio donde se puedan compartir las ideas” aclaró. El grupo tiene un precepto: no hablan de política, ni de religión ni de futbol; no se habla de nada que los pueda confrontar.


El sol pegaba cada vez más fuerte, era casi el mediodía. Guardaron las cosas en sus bolsos y, como todos los domingos, fueron juntos a comer. Todos portaban en su rostro una sonrisa, la actividad semanal había llegado a su fin, pero la habían disfrutado tanto que lo único que podían transmitir era felicidad.




Experiencia Pablo Macchiavello:


 
 

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